La vida profesional/3

Los banqueros de la gran banquería del mundo, que practican el terrorismo del dinero, pueden más que los reyes y los mariscales y más que el propio Papa de Roma. Ellos jamás se ensucian las manos. No matan a nadie: se limitan a aplaudir el espectáculo.

Sus funcionarios, los tecnócratas internacionales, mandan en nuestros países: ellos no son presidentes, ni ministros, ni han sido votados en ninguna elección, pero deciden el nivel de los salarios y del gasto público, las inversiones y desinversiones, los precios, los impuestos, los intereses, los subsidios, la hora de la salida del sol y la frecuencia de las lluvias.

No se ocupan, en cambio, de las cárceles, ni de las cámaras de tormento, ni de los campos de concentración, ni de los centros de exterminio, aunque en esos lugares ocurren las inevitables consecuencias de sus actos.

Los tecnócratas reivindican el privilegio de la irresponsabilidad:

-Somos neutrales- dicen.

Este relato pertenece a Eduardo Galeano, dentro de su obra El libro de los abrazos, y lo relaciono con la lista publicada de los 50 seres humanos más influyentes del planeta, en la que no se encuentran ni un solo jefe de estado o de gobierno, ni un ministro o diputado de ningún país. En Cómo nos venden la moto, Noam Chomsky dice que “dominan los mercados estratégicos de la comunicación y se disponen a controlar las autopistas de información”. Sigue el autor afirmando que la sociedad moderna está asentada en dos pilares básicos, que son los mercados financieros y las redes de información.

Un hecho histórico que lo corrobora fue el ocurrido en la Segunda Guerra Mundial, con Woodrow Wilson. La población británica no tenía ninguna pretensión de participar en el conflicto bélico. Sin embargo, la administración Wilson había decidido que el país tomaría parte en la guerra. Y, por tanto, había que hacer algo para inducir a la sociedad el sentimiento de obligación de participar. Se creó la Comisión Creel, que se encargaba de la propaganda gubernamental, y en apenas seis meses consiguió convertir una población pacífica en otra belicista que sentía la necesidad de ir a la guerra y luchar contra los alemanes.

En la misma época se emplearon las mismas estrategias para potenciar el Miedo rojo. Con ello se eliminaron los sindicatos y la libertad de prensa. “El poder financiero y empresarial, junto a los medios de comunicación fomentaron y prestaron un gran apoyo a esta operación.”

Y con ello tengo que enlazar con el título del post, que no es más que hacer referencia a otro concepto de democracia. Es cierto que en una sociedad democrática los individuos tienen cierta libertad en sus acciones particulares y que los medios deberían ser libres y objetivos. No obstante, me ha llamado la atención una idea alternativa, también de Chomsky, entendiendo por ésta como “un sistema en el que no debe permitirse que la gente se haga cargo de sus propios asuntos, a la vez que los medios de información deben estar fuerte y rígidamente controlados.”

Se refiere a la sociedad como el “rebaño desconcertado”, porque la ignorancia no permite comprender las cosas, y, por tanto, si quisieran participar de los asuntos que les incumben, estorbarían. Lippmann respaldó todo esto con una teoría, según la cual hay “una clase especializada, formada por personas que analizan, toman decisiones, ejecutan, controlan y dirigen los procesos que se dan en los sistemas ideológicos, económicos y políticos y que constituyen un porcentaje pequeño de la población”

Sin más, adjunto una conferencia de Eduardo Galeano, son unos diez minutos…pero si la corto ¿no estaría de algún modo tergiversando su palabra? ¿ no intentaría mostraros sólo una parte de la realidad?